Los cuatro detenidos por el atentado en Moscú ingresan en prisión acusados de terrorismo y con signos de tortura.

Llegaron con los ojos vendados, el rostro amoratado e hinchado y uno de ellos incluso en una silla de ruedas. Arrastrados ante el tribunal primero con los ojos vendados y luego a cara descubierta, con marcas de hinchazón en el rostro y las orejas, uno de ellos incluso en una silla de ruedas. Así han comparecido los cuatro sospechosos del atentado ante el tribunal de Moscú tras pasar por el «comité de investigación» del distrito central. Para Saidakrami Murodalii Rachabalizoda y Dalerdjon Barotovich Mirzoyev Shamsidin Fariduni y Muhammadsobir Fayzov -los nombres divulgados por Tass- se ordenó prisión preventiva hasta mayo.

Tres de ellos se declararon culpables. Su confesión ocurrió después de que durante todo el día de ayer circularan vídeos en las redes sociales que mostraban las torturas infligidas a los detenidos -11 en total-, uno de ellos con electrodos y otro en el que se veía cómo un soldado le cortaba la oreja con un cuchillo y luego se la metía en la boca.

El Kremlin ha declinado esta mañana responder sobre preguntas relacionadas con las lesiones de los detenidos al llegar al tribunal.

La propaganda de Moscú, después de señalar a Kiev con el dedo acusador, cambia completamente su tono solo unas pocas horas después del discurso del presidente Putin, quien ni siquiera menciona la amenaza yihadista, pero sugiere que existen conexiones entre los terroristas y Ucrania.

Para intentar rebobinar la cinta, tenemos que empezar desde el sábado por la noche: después de que el Estado Islámico reclamara la autoría del ataque, el canal de comunicación de la organización yihadista Amaq publicó un vídeo de 1 minuto y 31 segundos con imágenes de cámara corporal de los atacantes. Son imágenes crudas, que captan al grupo en acción. Los que filman invocan a Alá y arremeten contra los infieles. Se ve a los atacantes disparando varias salvas de Ak-47, numerosos cuerpos inertes en el suelo y, al fondo, un principio de incendio, con uno de ellos clavando un cuchillo en el cuello de una víctima tendida en el suelo, ya herida.

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